domingo, julio 24, 2005

El humo es espeso




El humo es espeso, denso, muy denso. En la pieza éramos tres individuos sencillos y simples. No me compliques, y yo no te complico. No me mires y yo no te miro. El Sergio de vez en cuando tiene síntomas sicópatas, grita en el metro al subirse, se pelea con ancianitas de 80 años y adora los "go go cars", el Miguelucho ve la luna y se pone como animal a aullar al preciado móvil que gira en su cabeza. Siempre. All the Time. Se miran con desconfianza, no creen en ellos, ni en si mismo, caminan cuando debieran correr y viceversa. Se dan de patadas en el culo por intolerantes. No muestran rencor ni compasión. Si no te miro, No me miras. Eso me dicen siempre. Si, son raros.

Creo que somos amigos, fumamos caños, nos agarramos a pelear, lloramos, que más da. Aunque no creamos lazos. Nada de cursilerías como "compadre", " buena viejito" o " peerrrito".Lo más es usado es "Andate al carajo ...joo de puta". Cuando estamos enojados. "tranquilo sholoo". Cuando estamos en buena. "mira, solo mírame". Cuando estamos volados. Y eso pasaba entre medio del humo que era denso, muy denso.

El departamento de Sergio en Valparaíso alguna vez tuvo una ventana. La lluvia confabuladora se la quitó, porque todas las noches entraba a buscarlo, lo perseguía como grupi. La solución a este dilema existencial de la lluvia fue una firme placa de metal que aniquiló la vista. Pero está piola el depto. Es alto, bien alto, los típicos de Valpo con esa madera vieja bien pisada por otros en tiempos remotos, con paredes grandes y pintura que huele a mar. Esa cosa que impregna todo en el puerto. Así como lo hace el humo de ahora, que está denso. Y nosotros nos miramos. El miguel concentrado en la altura del lugar, el Sergio distraído en un solo punto, curiosamente la ventana que ya no es ventana.


Me estoy psicoactivando y las manos sudan un poco. “Un poco de acción” comienza a decir Miguel (Miguel Ángel en realidad) continúa con un leve silbido que aumenta progresivamente y desciende hasta quedar reducido a eso que tememos, el hijo rebelde del ruido: silencio. Yo y Sergio nos miramos. No, mejor dicho, me uno a la vista hacia la no-ventana. Es rara nuestra quietud, esa negación de lo audible se parece más al sonido de lo inmenso, el vacío. Comienza a llover. Sergio enrolla y enrolla. Enrollamos los tres sentados. Las caras no son las mismas, los ojos tampoco son los mismos, mis amigos no son los mismos. Aunque están iguales a mi.

La lluvia cae y el humo denso también. Son fibras que se conectan y se desconectan. Una central telefónica con los cables mal enchufados. Mientras los miro nos veo en un tráfico, tirados en la mitad de la calle interrumpiendo todo, con bocinazos altos, bien altos. Sergio dice: “creo que no les gustamos”. Miguel Ángel dice: “Lo que pasa es que el peatón no es un tope”. Yo digo: “cachen, se va a poner a llover”.

Se corta la luz, la pieza se va black out y nos convertimos en estrellitas. Nos transformamos en estrellas rojas calcinantes. Sergio se mueve errante en la oscuridad y Miguel está quieto, inmóvil en su cuerpo. Yo, que los observo, me preguntó si será qué perdí a mis amigos. Sigo fumando profundo. Un verde profundo. No, mentira, un negro profundo. Vuelve la luz. Nos vamos a colores, nos vamos al depto de Sergio, parece que ya nos vamos. Nos vamos a comprar más.



Por Sebastián Labra
(la historia no tiene relación con la realidad)

2 comentarios:

Remiso dijo...

pronto muy pronto, agregare mas blogs a mi lista de gente. Preparense y opine del texto. bye.

Rodrigo dijo...

Estimado, agradezco el comment en el Post sobre el mito.
Arreglé el párrafo, espero ahora sí se entienda mejor, porque la verdad, estaba bien confuso... especulo, aun encandilado por la imagen de Ángela Prieto... En fin.