martes, septiembre 23, 2008

Elpatiotrasero



-En el video se ve a Gepe y a dos atentos espectadores del show. Y si, en el jardin botánico-


PatioTrasero

Mucho se ha hablado de todos los avances que se han realizado en el borde costero de nuestra ciudad. La costa se ha llevado una gran cantidad de inversiones. Y está bien. La perspectiva turística de la región pasa por aprovechar las playas. Quien no se de cuenta de eso vive en Valparaíso o es de Santiago.

El turismo como una fuente jugosa de trabajo estacionaria es evidente. Los beneficios de eso, también son visibles. De ahí que Viña del Mar se inscriba como una de las ciudades más ricas de Chile. Una categoría que trae más responsabilidades de lo que cualquier urbe del país podría recibir. Sin embargo, hay que reconocer que la costa está matando el interior.

Primero, en cuanto a estética la cosa va mal. Si bien, según el último informe del municipio, se gastaron alrededor de 11 mil 500 millones en arreglos de calles. Una cifra bastante elevada, aunque el tema se queda cojo al mirar la estética de las construcciones y los arreglos.

El tan manoseado tópico del paisajismo urbano, del que tanto hablan los arquitectos de la ciudad, se queda pegado en el centro como un parásito. Arriba, en los cerros, parece más una bodega sucia con parches. Parches caros, pero parches.

Segundo, hay espacios turísticos que se pierden. ¿Por qué? la costa de nuevo ataca. Un caso claro es el Jardín Botánico. Espacio de recreación, con especies nativas de la región y un gran potencial que no se ha aprovechado. Si no se llega en auto, difícilmente se puede acceder. La otra alternativa para el ciudadano de clase media que anda en micro es esperar mínimo media hora para tomar el único bus que sólo al final de su recorrido logra el cometido.

A eso se le agrega una larga caminata para recién estar ante las puertas. Parece ilógico que el jardín más grande de la Ciudad Jardín tenga por estos días esporádicas visitas, y peor aún, no se le considere -según lo visto- como un atractivo comunal. Claro, supuestamente hay un plan maestro para realizar cambios. Pero hablamos de una estrategia de mínimo 20 años, donde los recursos seguramente tardarán un siglo en ser gestionados.

La imagen que se me viene a la cabeza es la vista de un caballo de plaza, siempre dirigida a un punto. Incapaz de ver a su alrededor. Por eso la gran cantidad de viñamarinos de los cerros suelen gritar que también son parte de la comuna. Queja válida, dejando a un lado, los pequeños tropiezos que se arreglan con las aprobaciones de los concejos municipales.

Entonces la pregunta que nace es ¿estaremos tan bien enfocados como parece? La verdad es que Roma no se construyó en un día. Es verdad también que todos gozamos de la costa privilegiada de nuestro pequeño pedazo de Chile. Pero nadie puede mirar al futuro sin cuestionarse cuánto nos puede matar el mar. O cuánto de eso se trasladará alguna vez a la parte de la vida local. O cuándo de alguna vez por todas vamos a mirar el patio jardín de una casa, con una fachada espectacular, pero con una bodega que se llueve en invierno.


Por Sebastián Labra

(columna regional, publicada en El Observador de Viña del Mar, Sabado 20 de Septiembre)

Update: Estoy asombrado por favor lea esto y digame si acaso no podemos hacer un mundo mejor. Acá.

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