Charly ha escrito con sangre, cocaína y rock parte importante de la historia musical del continente. La intimidad de este artista genial queda en evidencia una noche de relámpagos en Buenos Aires. Con dos de sus pupilas -fans todoterreno- en su regazo y un whisky en la mano, el maestro recibió a LCD en su departamento. Y rezó por nosotros.

Pablo E. Chacón. Desde Buenos Aires
Dos horas antes todavía los autos iban y venían en la intersección de las avenidas Santa Fe y Coronel Díaz, donde tiene su piso el maestro mayor del rock argentino, Carlos Alberto García, Charly.
Ahora, dos horas y unos minutos después, recién llegado de una cena junto a su reencontrado amigo Andrés Calamaro, en un hotel de moda en la zona de Puerto Madero, Charly -uñas pintadas color nácar, anteojos oscuros, pelo ensortijado, no muy largo, camisa sencilla, abierta, y zapatillas viejas, de lona, una sin cordones- escruta al cronista una o dos veces mientras va y viene de su habitación.
Luego de unos imprecisos minutos, Charly se acomoda delante de una de las paredes saturadas de graffitis con aerosol puro y duro. Tiene un vaso de whisky al alcance de la mano, y a dos de sus pupilas (así llama a las pibas que esta noche lo acompañan), también al alcance de su extremidad. Esa mano huesuda y larga como un escarbadientes deforme.
Charly bebe un trago seco, sonríe a sus pupilas con una mueca que no esconde malicia y dice: ¿mande?
-¿Por qué te hicieron un niño prodigio?
-No me hicieron…qué sé yo: cuando se dieron cuenta (sus padres) de eso, que me silbaban una melodía y la tocaba y casi ni hablaba, me pusieron una profesora. Y lo bien que hicieron.
-¿Y era buena? Buena como profesora, digo.
-Era buenísima, se llamaba Julieta Sandoval, no me olvido más. Conmigo tenía una cosa especial. Venía a casa, porque yo al conservatorio no iba. Era una especie de alumno estrella. Y me empezó a enseñar y enseguida empecé a dar conciertos. Me preparaba todo el año para dar conciertos con dos o tres más.
-¿En el conservatorio o algún otro lugar?
-En el teatro del conservatorio.
-A los 9, 10 años…
-A los 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10…era un niño prodigio. Y me daba un poco de cosa. Pero me encantaba estar infiltrado en el mundo de los adultos con mi pasaporte de niño prodigio, tocarle la guitarra a (Roberto) Falú y joder con Mercedes (Sosa). Era bueno, pero qué sé yo. Mi vieja era la que más publicitaba el asunto. Después, cuando entré a la adolescencia me gustaban los Beatles y me ecualicé con el mundo. Para mí, los Beatles eran un prodigio.
DROGA MATERNA
-¿Estás viendo a tu vieja?
-No. Definitivamente. Nunca más.
A mediados de los noventa, García fue involuntario protagonista de un culebrón del cual responsabilizó a su familia materna y a su madre en particular: Charly fue internado a la fuerza en un centro neurosiquiátrico, con la excusa de iniciar un tratamiento para desintoxicarlo de las drogas. Al salir, el flaco denunció el negocio de las supuestas clínicas de rehabilitación (que no rehabilitan nunca a nadie), y recalcó las prácticas policiales de la siquiatría convencional (drogas por drogas); también decidió cortar todo contacto con su madre y hermana, a quien acusa como responsables de aquella internación.
-Pero entonces sí iba a verte tu familia…
-Claro… y después llegaba el club de fans, unas gordas espantosas (risas).
Charly se levanta y desaparece, vuelve al rato; sus pupilas no deben tener más de veinte años, con suerte, y están tan buenas, con sus cuerpos perfectos y un fatal maquillaje que imprime a su belleza juvenil un manto oscuro. Como loca perdida al borde del camino.
EXTRAÑA INFLUENCIA
-¿Qué perdiste en tu vida?
-Un par de amigos, algunas esperanzas, mucha guita… y no sé, no demasiado más de lo que hubiera perdido si me hubiera ido de foco… pero ¿por qué mejor no me preguntas qué gané?
-Bueno, ¿qué ganaste en tu vida?
-Muchísima guita (risas)… el amor de mi hijo, y acá, a la vista, mis pupilas (las chicas se sonrojan, mientras Charly se arregla el bigote).
-¿Y qué tal con Miguel (el hijo)?
-Bárbaro… el tipo es un capo, es lo opuesto a mí, muy ordenado, vive entre equipos y computadoras, siempre está con Internet y toda esa mano… pero nos llevamos muy bien, vive en este mismo edificio, dos pisos arriba. Somos una extraña pareja.
-¿No pensaste en Miguel cuando te tiraste a la pileta desde un noveno piso?
-¿Para qué iba a pensar si estaba todo calculado? Estaba todo calculado. Era imposible que saliera mal. Yo había calculado la velocidad del viento, la dirección, los posibles resplandores, todo…y lo hice para joder a los mendocinos, que es gente insoportable, más conservadora imposible. Hay que echarle la culpa a los mendocinos. La tirada, en realidad, fue porque no podía salir de la pieza.
-¿Así que te habían encerrado?
-Y… eso te estoy diciendo. Como una vez había destruido la pieza de un hotel, en Mendoza, por ahí pensaron que otra vez…
-Pero ¿estabas mal?
-¿Yo mal? ¿Por qué mal?
-Por tomar, qué sé yo…
-Tomar, tomar. Pero si yo no tomo, ese es Nito (Mestre, su ex compañero en Sui Generis). Me parece que te equivocaste de entrevistado.
-Es que estoy sin dormir desde hace unos días. Debe ser eso. Pero hablábamos de Mendoza. Mendoza está lleno de ladrones.
-¿Sabés que tenés razón? Sacá la cuenta: Manzano, Bordón, Flamarique, Moneta, Vila, Bauzá… y hay más, seguro que hay más. Medocinos, conservadores y chorros (tararea y risas, más risas)
-Pero volvamos, volvamos. Estabas por decir algo de la muerte.
-¿De la muerte? Yo no dije nada sobre la muerte. ¿Qué querés saber de la muerte?
-¿Estuviste ahí?
-Cerca, a un toque, un paso mejor.
-¿Y qué tal?
-Es como en las películas de terror: pasa un fantasma. Eso vi yo. No sé, por ahí aluciné.
-¿Y nada más?
-¿Querés más? Una vez, en Barcelona, en casa de gente amiga, a uno le agarró una especie de ataque de epilepsia, lo tuve que reanimar. Estaba duro como una tabla el tipo. Le agarré la lengua y me mordió. Espantoso, y en un momento hizo ¡pac!, o ¡zac!, algo así, y dejó de morder. Yo dije: está, ya fue, está listo. Y sentí que tenía la mano en el buzón de la muerte, que salía un aire helado y todo eso… me asusté. Y empecé a darle trompadas por todos lados hasta que el tipo volvió en sí. No se acordaba de nada, lo primero que me preguntó, ‘Charly, ¿no me das un saque?’.
Charly ríe recordando las veces que la muerte rozó sus mejillas. Sus pupilas lo contemplan como dos sacerdotisas en trance. De súbito se pone de pie y dice suficiente por hoy.
-Pregunta no tan obvia para el final: ¿crees en Dios?
-En Dios… En Dios sí creo.
-¿Y rezás?
-Sí, claro: rezo por vos.
Las risas de las pupilas y la voz de Charly quedan atrás. Desde nuestra visita, Charly sigue incansable inventándose algo. Ahora quiere ganarle a Tarantino convirtiéndose en director de cine para rodar la segunda parte de “La hija de la Lágrima”, donde él mismo sería “la” protagonista. Y lo último, y para no dejar de joder, ya tiene fecha -el 3 de junio, en el Salón Blanco (“como un Salón Oval, con algunas chicas revoloteando, je je je”)- para tocar en la Casa Rosada, epicentro de la política argentina. “Me invitó K (Kirchner) y me encantó. Quiero hacer una contribución para darnos cuenta que más allá de radicalismo, peronismo, mozartismo, mitrismo, optimismo, o lo que sea, la música es algo más grosso que todo eso”. LCD
CHARLY FUNDAMENTAL
Hay dos tipos mitológicos que pueden hacer cualquier cosa al otro lado de la cordillera. Problemas judiciales pueden tener, conflictos con el poder también. Pero la gente de la calle les perdona todo. Uno es Maradona y el otro es nuestro entrevistado. Charly Garcia es uno de los más talentosos e influyentes músicos de rock argentino y compositor de varios himnos generacionales. Aunque haya que esperarlo mil horas, aunque se vaya al carajo en medio del show. A Charly le perdonamos todo. O casi todo.
Vida, Sui Generis (1972)
Fue el debut oficial del dúo. Carlos Alberto García Moreno y Nito Mestre mostrando toda la influencia folk, heredada de Dylan, pero con el inconfundible sonido porteño. El disco contiene creaciones fundamentales de la historia del rock trasandino. Imperdibles los clásicos de fogata Canción para mi muerte, Necesito, Natalio Ruiz; Amigo mío, vuelve a casa pronto; Mariel y el capitán, Dime quién me lo robó, Estación y Quizás porque.
Películas, La Máquina de Hacer Pájaros (1977)
Cansado de ser el actor principal, Charly formó una banda en la que todos tendrían las mismas responsabilidades. El sueño duró poco, pero bastante para dejar dos registros. Este es el segundo. García, Moro, Cutaia, Bazterrica y Fernández dando rienda suelta a sus gustos musicales, con fuertes inclinaciones progresivas. “Somos los Yes del subdesarrollo”, decía por esos días el ‘bicolor’.
Charly en Santiago:Ídolo en serie
A falta de súper mujeres no está de más un súper estrella. Charly García invade las calles de la capital en gigantografías y paletas publicitarias ¿Por qué? Es uno de los rostros de “Basement”, marca de ropa que se vende en Falabella y que ahora registró en sus filas al autor de Influencia -ya había fichado a Gustavo Cerati-. García aparece en los carteles rompiendo un vidrio con un certero golpe de puño. ¿Se vestirá el flaco con estas pilchas?
Clics Modernos, Charly García (1983)
Luego del doblete Pubis angelical/Yendo de la cama al living, el debut de García en solitario, aparece su primer gran éxito. Con la colaboración de Pedro Aznar y la producción de Joe Blayney, Clics... fue registrado en Nueva York e incluyó los primeros súper ventas en Chile: Nos siguen pegando abajo (pecado mortal), No soy un extraño, Los Dinosaurios, Nuevos trapos y No me dejan salir (estoy verde).
Piano Bar, Charly García (1984)
A dos años del fin de la dictadura de Videla, Charly se dio el lujo de componer Demoliendo hoteles, Rap del exilio y Cerca de la revolución. Era la vuelta a la democracia, el gobierno radical de Raúl Alfonsín, y una banda de acompañamiento ensamblada, con Fito Páez, Alfredo Toth, Willy Iturri y Pablo Guyot. Todo un lujo.
No digas nada: una vida de Charly de Sergio Marchi (Ed. Sudamericana, 2001).
Cientos de fans tiene Charly, pero ninguno igual al autor de esta biografía, quien compartió y soportó al ídolo, sus insomnios de tres días que terminaban con el departamento de García destrozado. Marchi convivió con él, lo que concluyó en una gran amistad, hasta que García le pide que sea su manager. ¿Para qué? Le dice Marchi, si todo esto es una gran joda.
4 comentarios:
prueba
charly es exéntrico porque tiene plata, sino sería un simple loco.
Haz citado a Lex lutor.
Wena cronica, loko....es ke charly es lo más grande de argentina, junto a spinetta y cortazar.
charly no es un loco más. Es el primo genio ,pero volao, en la familia de artistas latinoamericanos.
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